ESTRENOS
- ROMA - LA CASA JUNTO AL MAR

Bartolomé Mitre 1236 y Reconquista .-

ROMA

Del 13 al 26 de diciembre. A las 16.45, 19.30 y 22.15 hs.

Dir: Alfonso Cuarón.
México 2018. - 135 min. (Digital).
Guión: Alfonso Cuarón. Fotografía: Alfonso Cuarón. Montaje: Alfonso Cuarón, Adam Gough. Producción: Esperanto Filmoj, Participant Media. Elenco: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira.

Quisieron el azar - o Netflix, que no es nada azaroso- que la Roma de Alfonso Cuarón no viese la luz anunciada en el festival de Cannes sino, tres meses más tarde, en el Lido de Venecia, en donde su obra se hizo con el León de Oro y se convirtió en eso que llamamos un clásico súbito. Una pieza maestra que, según se respira en la sala, se es consciente de estar asistiendo al nacimiento de una película indeleble. Cuarón, que venía de la tan lejana –o no- pero en cualquier caso aterradora distopía de Hijos de los hombres, o del aún más disonante espacio exterior en 3D de Gravity, nos abruma con Roma, un viraje hacia lo real que, más que una toma de tierra, es abrazo telúrico de una grandeza autoral y humana inusitada. Recoge en ella las vivencias de una familia en el México de fines del 70 hasta agosto o septiembre del 71, impecablemente filmada en blanco y negro con una cámara de 65mm. Es un retablo de clases -el arriba y abajo de la servidumbre indígena y la oligarquía de gen hispánico- medido en su decente acercamiento desde los recuerdos agridulces del niño bien que debió de ser Cuarón y la relación con su nana mixteca en la colonia Roma del DF.
Y el gran angular de su mirada hacia su niñez exhala de modo áureo la esencia de ese tiempo, la nostalgia con algo de The Last Picture Show (aquí en vez de Howard Hawks en una sala solitaria, son los cines populares que proyectan películas de Louis de Funès), nostalgia bien entendida en torno a un país que no era aún estado fallido sino otra cosa, jerárquica al extremo, con la ominosa dictadura perfecta del PRI insinuada de fondo y los ecos de la todavía reciente matanza de Tlatelolco reverberados en otra explosión de violencia que agita la estilizada, sólida, precisa crónica de familia. Es ese momento ya casi legendario –aunque el film únicamente se haya visto en unos cuantos festivales internacionales- de ruptura radical, de quiebra con el pulso intimista de la película, a través de la composición de una coreografía del fascismo: la alineación de masas, el grupo paramilitar de los Halcones, creados para la represión por el presidente Echevarría, y que provocó en agosto de 1971 la masacre del jueves de Corpus con más de 120 estudiantes asesinados.
Se incrustra esa necesaria memoria de la represión colectiva con el predominio de las ondas recuperadas en el tiempo de una familia, un relato que posee momentos de la intensidad de esa secuencia en la cual asistimos a lo que parece va a ser un múltiple ahogamiento en el mar, producido en un fuera de campo, y que resume -como lección de cine descomunal- las dimensiones de Roma como obra maestra que complementa y abre un respiradero de ternura en el México de la sangrante impiedad que ha monopolizado la generación de oro de Reygadas y Escalante.

LA CASA JUNTO AL MAR

(La villA)

Jueves 13 de diciembre(15.30, 17.40 y 22.10 hs.
Viernes 14 de diciembre (15.30, 17.40 y 22.10 hs.)
Sábado 15 de diciembre (15.20, 17.40 y 22.10 hs.)
Domingo 16 de diciembre (15.40, 17.40 y 22.10 hs.)
Lunes 17 de diciembre (15.40, 17.40 y 22.10 hs.)
Martes 18 de diciembre (15.20 y 18.40 hs.)
Miércoles 19 de diciembre (15.10, 17.40 y 22.20 hs.)

Dir: Robert Guédiguian.
Francia 2017 - 107 min. (Digital).
Guion: Robert Guédiguian, Serge Valletti. Fotografía: Pierre Milon. Producción: Marc Bordure, Robert Guédiguian. Elenco: Ariane Ascaride, JeanPierre Darroussin, Gérard Meylan, Jacques Boudet, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin, Yann Tregouët.

En una pequeña cala cerca de Marsella, en pleno invierno, Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa de su anciano padre. Angèle es actriz y vive en París, y Joseph acaba de enamorarse de una chica mucho más joven. Armand es el único que se quedó en Marsella para encargarse del pequeño restaurante que regentaba su padre. Cada cual porta sus lastres y pronto descubrirán que un lugar olvidado puede devolver recuerdos que preferirían olvidar tanto cuanto ayudarles a salir por fin adelante. Es el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este lugar mágico en torno a un restaurante para obreros. Pero la llegada de una patera a una cala vecina cambiará sus reflexiones. Acompañado por sus actores habituales, con los que él mismo ha ido creciendo, Robert Guédiguian presenta una elegía por el tiempo pasado, impregnada por la sensación de derrota de aquellos ideales utópicos que compartieron y el peso del tiempo del “tal como éramos”. Y, sin embargo, en ese pequeño lugar pesquero donde se reencuentran, no falta una causa por la que seguir combatiendo. Esa situación propicia momentos de reflexión sobre el fracaso de los sueños y los ideales, pero también sobre la necesidad de seguir en la lucha por un mundo mejor. No hay nadie como Guédiguian para orquestar una oda crepuscular e intimista por el paraíso perdido de la conciencia de clase.
Guédiguian no es por supuesto un desconocido para el aficionado cinematográfico uruguayo y supo visitar Montevideo en 2014, junto a Ariane Ascaride, para dar una charla en Cinemateca 18. Nacido en Marsella, Francia, en 1953), estudió Sociología en París. Sus películas tratan temas como la precariedad laboral, la inmigración y el paro. Las nieves del Kilimanjaro (2011), Le voyage en Arménie (2006) y Marius y Jeannette ( (1997) son solo algunos de sus títulos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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