Editorial
El año próximo, en el primer trimestre de 2009,
en Buenos Aires, será el Congreso de FIAF, la Fédération
Internationale des Archives du Film, el
organismo mundial de archivos fílmicos. Es la segunda
vez que todas las cinematecas del mundo
se reúnen en el Río de la Plata. La anterior, hace
una década y media, tuvo lugar en Montevideo
organizado por Cinemateca Uruguaya. Ahora,
en Buenos Aires, nuestros colegas de Cinemateca
Argentina serán los anfitriones.
El próximo Congreso tendrá un interés especial.
En seminarios y en discusiones del plenario,
el tema será las cinematecas mirando hacia el
futuro. No sólo los cambios tecnológicos sino
también las transformaciones culturales en los
comportamientos de los públicos, motivarán
las reflexiones e impulsarán las propuestas de
colegas de todo el mundo que expondrán sus
experiencias particulares en zonas geográficas,
económicas, políticas y culturales muy diferentes
unas de otras a pesar de la globalización y de
la OMC, que previsiblemente figurarán también
en las discusiones. Y seguramente también las
industrias culturales y qué tienen que ver entre
sí, industria y cultura artística.
En una primera interpretación de la realidad,
el cine como se lo ha conocido hasta ahora, no
será lo mismo en el futuro próximo. Más bien
debiera pensarse que ya no lo es ahora. El cine
en soportes digitales no es el cine en soportes
químicos. Y sobre todo la comunicación y el acceso
público a las obras cinematográficas será
cada vez más diferente lo que conocemos. El envío
por satélite de imágenes y sonidos, es decir
de films, modifica los transportes físicos de copias
voluminosas y de difícil traslado. Y a medida
que esas novedades que facilita la tecnología,
se profundizan las discusiones y las búsquedas
que permitan la preservación de las obra por
métodos menos artesanales que los conocidos
hasta ahora por todos los archivos fílmicos, es
otro tema prioritario La digitalización para esas
funciones propias de las cinematecas, aunque es
hoy un procedimiento precario y todavía imperfecto,
será probablemente la realidad dentro de
poco.
Lo que estará en discusión, en última instancia,
serán valores generales y permanentes, en
riesgo. Esos valores, en serio peligro, tienen que
ver con bienes culturales que corren el riesgo de
ser considerados como bienes industriales, como
objetos transables. Las películas, las obras de autores,
los derechos de la sociedad a que no se
le niegue el acceso a esas obras de la creación,
a que se mantengan las propuestas protegidas
por la Declaración de los Derechos Humanos. Es
decir, los derechos del espíritu contra los económicos,
en caso que la economía sea un derecho
social, cosa que difícilmente lo sea.
Estas discusiones no serán tecnocráticas ni
economicistas. Son, por el contrario, culturales.
Y llegan a las cinematecas en todo el mundo.
Dentro de unos meses estarán aquí a la vuelta,
en Buenos Aires.
