Editorial
No siempre existieron estos editoriales. De hecho, empezaron a hacerse periódicos allá por 1989. ¿Pero qué pasaba en aquel entonces, hace más de veinte años?
En Uruguay finalizaba el primer gobierno de Julio María Sanguinetti, electo democráticamente en elecciones condicionadas y con candidatos y partidos proscriptos tras doce años de dictadura. En Argentina un grupo armado al mando de Enrique Gorriarán Merlo intentaba tomar La Tablada alegando un inminente golpe de estado a cargo de los “carapintada” y en Paraguay caía la dictadura de Alfredo Stroessner, que a esas alturas parecía eterna. Mientras, al otro lado del mundo, los soviéticos apuraban el paso para irse de Afganistán. En Uruguay tocaba Rod Stewart en un estadio que le quedó grande ya que muchos boicotearon el concierto porque el cantante –que se hizo famoso preguntando si pensábamos que era sexy mientras plagiaba a Jorge Ben Jor– había tenido la pésima idea de tocar en Sudáfrica donde subsistía el apartheid y donde Mandela seguía preso. En Alemania, caía el muro de Berlín y a lo largo del año morían Alfredo Zitarrosa, Thomas Bernhard, Salvador Dalí, Sergio Leone, Laurence Olivier, Nicolás Guillén, Georges Simenon, Bette Davis, Dolores Ibárruri, Leonardo Sciacia y Samuel Beckett.
En ese entonces Cinemateca estaba en su pico histórico de socios, una cifra cercana a los quince mil, que no era sólo una cifra, eran personas que creían en las ideas que estaban en la base misma de la Cinemateca: que había que preservar la memoria audiovisual de nuestro país y del mundo (que en aquel momento consistía en unos seis mil rollos de película), que había que democratizar el acceso al cine, haciéndolo accesible –económicamente y a través de la constante formación de espectadores– a la mayor cantidad de gente posible y que los films exhibidos debían reflejar la diversidad cultural y estética que hace que el mundo sea un lugar mucho más interesante de lo que cualquiera creería yendo a ver el cine que dominaba (y domina) las carteleras comerciales.
Los editoriales del boletín llamaban la atención sobre los distintos aspectos del trabajo de las cinematecas: sobre el del archivo en el editorial de agosto “Obtener copias originales o negativos de los films. Preservar esos originales mediante trabajos de restauración y laboratorio. Disponer de copias de exhibición. Solventar esos enormes costos en dólares. Establecer acuerdos con productores. Construir archivos equipados técnicamente para que los originales y las copias de films, endebles, de emulsiones inestables y colores evanescentes, sobrevivan a su propia fragilidad.”
Sobre el del Centro de Documentación Cinematográfica en el de setiembre: “La literatura cinematográfica (libros, revistas especializadas, incluso parte de las crónicas periodísticas) son el complemento necesario de la memoria fílmica, y a veces, la única memoria posible. Espectadores, críticos jóvenes, historiadores del cine uruguayo deberán inevitablemente confiar en la memoria y en los escritos de fines de la decada del 50, que coinciden en afirmar que Un vintén p’al judas, de Ugo Ulive, es el mejor film uruguayo, porque la única copia existente se perdió en La Habana”.
Y sobre la exhibición de su acervo y de ciclos itinerantes en su circuito de salas en el editorial de noviembre: “Los años 80 han marcado cambios sustanciales en todo el mundo en la comunicación cinematográfica. Cada vez más espectadores de cine ven películas en forma electrónica. El resultado práctico es que seguramente nunca se vio tanto cine como en estos años, pero cada vez son menos los espectadores de cine en salas con pantallas grandes. Algún utópico ha afirmado que el cine sobrevivirá en todo el mundo sólo en las cinematecas. Ello ocurriría en un futuro muy próximo, quizás en los comienzos del siglo XXI. Aún sin aceptar esos delirios imaginativos, debe suponerse, sin embargo, que cada vez más el rol de las cinematecas (o archivos de films) en la sociedad, consistirá en la difusión y no sólo en el mero museo. Lo que conduce a un cambio progresivo en la concepción del trabajo de los archivos fílmicos.”.
Desde esos mismos editoriales se llamaba a la sociedad a redoblar su apoyo, por ser ésta la única fuente de financiación sostenida de ese proyecto llamado a preservar la memoria fílmica nacional e internacional, a democratizar el acceso a films de su acervo y muestras itinerantes y a garantizar la diversidad en la difusión del cine con valores artísticos, autorales y humanos.
Hoy que hablamos de Sudáfrica porque organiza mundiales de fútbol y Nelson Mandela es símbolo de la reconciliación nacional en dicho país, ahora que los que deberán irse de Afganistán son los estadounidenses, en estos tiempos en que el partido con más líderes proscriptos en las primeras elecciones tras la dictadura encara su segundo periodo de gobierno nacional y el quinto departamental, los viejos editoriales de Cinemateca siguen sonando tan pertinentes como si hubieran sido escritos hoy.
De modo que en un momento en el que la cantidad de socios y rollos de película han invertido su proporción, queremos decirles: es tiempo de semestrales en Cinemateca. Al asociarse, Ud. está apoyando a un proyecto de cultura cinematográfica que se mantiene vivo gracias al aporte de sus socios.
Escrito con itálicas y comillas o sin ellas, como Ud. prefiera.