Los ciclos de este mes: Viva la diferencia y De la temporada
Viva la diferencia
EL SOL ****
(Solntse)
Rusia/Italia/Suiza/Francia, 2005 • 110 min. ST.
Libreto, Yuri Arabov, Jeremy Noble. Fotografía, Aleksandr Sokurov. Música, Andrei Sigle. Montaje, Sergei Ivanov. Productores, Igor Kalenov, Marco Muller, Andrei Sigle.
Elenco: Issei Ogata, Robert Dawson, Kaori Momoi, Shiro Sano, Shinmei Tsuji, Taijiro
Tamura.
Esta es la más reciente entrega del director
Sokurov (las anteriores: Moloch, 1999, sobre
Hitler: Taurus, 2001, sobre Lenin) acerca de
diversas figuras de primera línea de la historia
política del siglo XX. Esta vez se trata del
emperador japonés Hirohito, que dejó de ser
un dios luego del bombardeo atómico norteamericano
a Hiroshima y Nagasaki. Desde el
título, el film juega con una paradoja: remite
al Imperio del Sol Naciente, pero su luz es la
del ocaso. Muy al principio, resulta claro que
Hirohito ha tomado conciencia de la pérdida
de su divinidad: “Mi cuerpo es igual al de
todos los japoneses”, le dice el emperador a
uno de sus asesores.
Desde las ruinas de Tokio, Hirohito se consuela
escribiéndole a su hijo una carta caligrafiada
y dando rienda suelta a su pasión
por la biología, diseccionando un cangrejo
cuyo caparazón le recuerda la máscara de un
samurai, tal como se representa en el teatro
kabuki. Su Hirohito (como, se ha señalado,
su Hitler o su Lenin) no se ubican en el centro
de la Gran Historia sino en su entrelínea:
la de la cotidianeidad, la constatación del
paso del tiempo, la vida privada. También,
acaso, en el de la vanidad del poder.
El propio Sokurov ha reconocido que HItler,
Lenin e Hirohito constituyen tres figuras distintas
enfrentadas a diferentes situaciones
trágicas, agregando que las suyas no son “películas sobre dictadores” sino sobre gente
que alcanza el poder absoluto, pero cuyas
pasiones y fragilidades humanas afectan
más sus decisiones que las mismas circunstancias.
A su juicio, el emperador japonés es
un símbolo de un final constructivo, o más
exactamente no se trata de un final sino de
una continuación, la de la vida. El propio cineasta
sostiene que no fue “un dios de la
guerra sediento de sangre”, y que en último
término prefirió salvar vidas humanas antes
que el orgullo nacional. Sokurov redondea la
idea: “Ese fue su legado y el de aquellos políticos
norteamericanos que pudieron comprender
y apreciar su posición”.
A lo largo de su obra, Sokurov ha mostrado
una fascinación por el tema del poder, desde
Elegía soviética (1989), que era un desfile
de retratos oficiales, pintados al óleo, de los
distintos líderes soviéticos que se sucedieron
en el poder antes de Gorbachov, hasta El
arca rusa, que ha podido ser leída como
un réquiem a la materialización misma del
poder: el palacio real de San Petersburgo.
La muerte (en Madre e hijo) y el Japón (en
Una vida humilde, que integra la serie de
sus “videogramas espirituales”) también son
parte esencial de sus obsesiones como cineasta.
Todas ellas confluyen en El sol.
Hay una novedad, sin embargo, en este
Sokurov, y es un atisbo de humor en un
cineasta particularmente grave. Aprovechando
una magnífica composición de Issey
Ogata como Hirohito, el director ruso
encuentra una rara afinidad entre su figura
y la de Charles Chaplin, a quien el emperador
aparentemente admiraba. Es apenas
un momento fugaz, pero la deidad imperial,
desprovista de sus atributos de mando y
convertida finalmente en un japonés como
tantos, adquiere de pronto una cualidad humana,
casi chaplinesca.
BE WITH ME ****
(Be With Me)
Singapur, 2005 • 90 min. ST.
Libreto, Eric Khoo, Wong Kim Hoh. Fotografía, Adrian Tan. Música, Kevin Matthews,
Christine Sham. Montaje, Low Hwee Ling. Productor, Brian Hong.
Elenco: Theresa Chan Poh Lin, Ezann Lee, Samantha Tan, Seet Keng Yew, Chiew Sung Ching, Lawrence Yong, Lynn Poh.
Una sorprendente lista de premios internacionales
es lo primero que llama la atención
sobre este film de un director joven
asentado en Singapur y practicante de un
cine directo, sin refinamientos formales
pero eficaz. Consiste aparentemente de
tres historias de amor enfrentadas a la
soledad. Las tres historias se vinculan y entrecruzan.
En una, un solidario vendedor
de una tienda, cuya mujer agoniza y para
la que cocina con empeño. Lo salva de la
desesperación un libro autobiográfico y el
encuentro con su autora, que casualmente
tiene su misma edad. En la segunda historia,
un guardia de seguridad maltratado
en su hogar y en su trabajo encuentra su
razón de vida en la comida y en el supuesto
amor de una hermosa ejecutiva que vive
en su mismo bloque de apartamentos. Hay
una tercera historia, donde dos muchachas
alumnas del secundario se conectan por Internet
y terminan pasional- mente enamoradas.
Así de simples las tres historias pueden
aportar una reflexión sobre la soledad en
una sociedad donde la violencia parece encubierta.
Pero no. Esas historias, de pronto
se interrumpen, se evaporan o alguna reaparece
sin mayor motivo. Lo coral se borra
y se convierte en una biografía, en otra
historia, y también se vuelve secundaria la
oposición de amor y soledad.
Aunque llama
la atención que las historias aparezcan
identificadas como "Encontrando el amor”,
“Tan enamoradas” y “Predestinado”, eso
debe entenderse como otro despiste deliberado.
La historia que le interesa de veras a Eric
Khoo es auténtica y está protagonizada por
quien la vivió en la realidad. La protagonista
Theresa Chang quedó ciega a los catorce
años, y sorda dos años después. En lo que
debe ser entendido como un ejemplo de coraje
y superación personal siguió adelante
con su vida, y hasta logró recibirse como
profesora de inglés. El director y libretista
Eric Khoo conoció a Theresa durante una
boda y decidió que debía hacer una película
con ella. Así nació Be With Me.
Alrededor de la historia de Theresa, el film
desconstruye una historia que empieza siendo
coral, con un entrecruzamiento de peripecias
personales enhebrado por los temas del
amor y las dificultades para relacionarse. Ese
cuadro incluye al tendero que queda viudo,
la atracción que siente un guardia de seguridad
por una mujer a la que vigila y espía, y la
vida de dos adolescentes de sexo femenino
que se enamoran por Internet.
Una de las apuestas del film era recrear el
universo de un personaje que no puede oir.
De ahí una de sus opciones estéticas sea (en
su primera mitad al menos) la eliminación
de todo diálogo hablado: las palabras aparecen
en papeles o en mensajes de texto de
teléfonos móviles, pero no en la banda sonora,
lo que le otorga al film un carácter casi
experimental. Lo que está diciendo es que
en esta sociedad deshumanizada la comunicación
entre la gente se produce por vías
alternativas, y por eso sus posibles dramas
son esquivados por el relato que no expresa
los sentimientos de los personajes y su necesidad
de comunicarse, sino que queda como
espectador. Lo que fascina a Khoo son las
vías sustitutivas de esas necesidades de comunicación.
Tercer largometraje del director Khoo (quien
permaneció inactivo por diez años desde su
película anterior, 12 Storeys, y ésta de 2005)
Be With Me aparece narrada con deliberada
desprolijidad, como si la forma quisiera
expresar de alguna manera el desordenado
mundo interior de su sufrida protagonista.
Premiada en Cannes 2005 y otros festivales,
la película obtuvo igualmente galardones en
Fantasporto, Flandes, Mar del Plata, Tokio
y Estocolmo. Fue también la representante
oficial de Singapur en la 78ª edición de los
premios Oscar, pero fue descalificada por
una buena e inesperada razón: el premio
es a “mejor película en lengua extranjera”,
y Be With Me está hablada originalmente
en inglés. Rarezas de la globalización, claro.
De la temporada
Varios títulos valiosos de la anterior y la presente
temporada. Desde el épico recuento
de una trayectoria gangsteril que Ridley
Scott trazó con la complici-dad de Denzel
Washington y Russell Crowe hasta dos finas
adaptaciones literarias (Expiación, horriblemente
subtitulada Deseo y pecado, sobre
Ian McEwan; Cometas en el cielo, sobre
Khaled Hosseini), y la reescritura de un famoso
caso de crónica roja, cuatro títulos
para reencontrar.
GANGSTER AMERICANO
***
(American Gangster)
USA,2007 • 157 min. ST.
Con Denzel Washington, Russell Crowe, Chiwetel Ejiofor
Historia más o menos real del “Padrino de Harlem” y el tenaz detective que lo combatió largamente. Sólido cine gangsteril, narrado con cierto aliento épico, con dos buenos actores y la reivindicación más paradójica imaginable que el cine de Hollywood haya proporcionado de lo “afro americano”.
EXPIACION, DESEO
Y PECADO
****
(Atonement)
Reino Unido/Francia, 2007 • 130 min. ST.
Con Keira Knightley, James McAvoy, Saoirse Ronan
Una historia de amor y distinciones de clase, estorbada por una mentira culpable, con un fondo que incluye a la Segunda Guerra Mundial. Sobre novela de Ian McEwan, un examen de sentimientos que se recortan sobre un marco épico que deriva a la tragedia.
COMETAS EN EL CIELO
***
(The Kite Runner)
USA, 2007 • 122 min. ST.
Con Khalid Abdalla, Atossa Leoni, Shaun Tour
Médico y escritor afgano exiliado en Estados Unidos regresa a su país tras el Talibán para pagar una vieja culpa. Elogiada novela del escritor afgano Khaled Hosseini, en competente adaptación que tras su drama “medio oriental” desliza una discreta celebración de lo mejor del American Dream.
AMORES ASESINOS
***
(Lonely Hearts)
USA/Alemania, 2006 • 108 min. ST.
Con John Travolta, Salma Hayek, Jared Leto
La historia de los “amantes malditos” que en los años cuarenta asesinaron y despojaron a varias mujeres solitarias ya había sido filmada dos veces (Los asesinos de la luna de miel de Leonard Kastle, Profundo carmesí de Arturo Ripstein). Aquí recibe un tratamiento esmerado, que recupera cierto espíritu del cine de serie negra.
