CINEMATECA 18

 

Enero 19 a 25, de jueves a miércoles. A las 21.25 hs.

EL EDIFICIO DE LOS CHILENOS

Dir: Macarena Aguiló, Susana Foxley
Chile/Cuba/Francia/Bélgica 2010 – 95 min. (Digital)
Guión e investigación: Macarena Aguiló. Fotografía: Arnaldo Rodríguez. Montaje: Catherine Mabilat, Macarena Aguiló, Ilán Stehberg, Ismael Miranda, Galut Alarcón.Música: Elizabeth Morris. Producción: Juan Manuel Egaña, Macarena Aguiló, Richard Copans.

 

Otro capítulo en la búsqueda de una memoria colectiva de la historia reciente de América Latina. Este documental se ocupa del llamado Proyecto Hogares, un emprendimiento comunitario (primero en Francia, luego en Cuba) organizado en los tardíos setenta y tempranos ochenta por militantes del grupo radical chileno MIR que deseaban volver a su país para combatir a la dictadura de Pinochet y necesitaban que alguien se ocupara de sus hijos. De ahí la creación de las llamadas “familias sociales” donde un grupo de adultos (hombres y mujeres) se agrupaban para encargarse de hijos propios y ajenos. El título del film alude precisamente al edificio que alojó en Cuba a uno de esos grupos, integrado por alrededor de sesenta niños y veinte adultos.
La directora Macarena Aguiló fue efectivamente uno de esos hijos y su film repasa la experiencia con la perspectiva que el paso del tiempo y el derrumbe de ciertas utopías permite. Hay un claro compromiso personal de la cineasta en el asunto: Aguiló narra en primera persona, aporta sus propias impresiones y hasta lee las cartas que intercambió con su madre.
Pero hay otras voces y otras imágenes en el film, y en conjunto proporcionan un panorama matizado y plural de una experiencia compleja que generó diversos efectos sobre diversos involucrados: así puede saberse que hay hijos que fueron felices, hijos que se sienten culpables, otros que se sintieron abandonados y algunos que perdieron a sus padres biológicos mientras vivían lejos; padres y madres sociales que los hicieron parte de sus familias hasta el día de hoy, y padres y madres que sacrificaron por un tiempo a sus propios hijos para ocuparse de los de otros. Las cosas no son en blanco y negro. El film va y viene con los tiempos, explorando el pasado, registrando vivencias en tiempo presente, descubriendo matices de emoción, impregnándose de pronto de un halo de melancolía. La directora Aguiló nació en 1971, es comunicadora audiovisual titulada en el Instituto Profesional Arcos y desde 1997 se desempeña como directora de arte y ambientadora de películas y series de televisión. El edificio de los chilenos es hasta la fecha su trabajo más personal y el que le ha llevado más tiempo (empezó en el 2004), aunque a partir de su experiencia aquí, ha colaborado en films ajenos como Imagen final de Andrés Habegger y La otra cara de la Moneda de Marcia Tambutti. Varios premios internacionales, incluyendo el Fidoc 2010.

Enero 19 al 25, de jueves a miércoles. A las 17.35 y 19.30 hs.
Enero 26 a febrero 1º, de jueves a miércoles. A las 21 hs.

¿DIFERENTE DE QUIÉN?
(Diverso da chi?)

Dir: Umberto Riccione Carteni
Italia 2009 – 102 min. ST. (Digital)
Libreto: Fabio Boficacci. Fotografía: Marcello Mortarsi. Música: Massimo Nunzi. Montaje: Consuelo Catucci. roducción: Marco Chimenz. Elenco: Luca Argentero, Claudia Gerini, Filippo Nigro, Antonio Catania, Francesco Pannofino .

 

Es inevitable establecer una relación entre esta película italiana y la reciente Tengo algo que decirles de Ferzak Ozpetek, cuyo tema era la aceptación por parte de una tradicional familia, de la homosexualidad de uno de sus miembros. El protagonista (Luca Argentero) milita en un partido de centro y desempeña un cargo público secundario. Sin embargo, de pronto se ve enfrentado a un desafío importante: participar en las primarias como candidato alternativo de su partido. De hecho, sus correligionarios no esperan que gane: solo necesitan alguien que opere como pseudoalternativa del candidato oficial. Sin embargo, y por razones que no conviene anticipar en detalle, el personaje termina obteniendo efectivamente la candidatura. Para las autoridades del partido es un lío, y no se les ocurre mejor idea que tratar de equilibrar el carácter provocativo de su candidato con una aspirante a vice que cada tres palabras habla de valores familiares. Tarde o temprano va a haber un estallido, claro.
El film comienza beneficiándose de un arranque dinámico, que en tomas cortas y poco tiempo establece con humor los datos básicos de la situación. Luego, el apunte costumbrista y hasta la sátira política deja paso a una comedia romántica, porque (una vez más, mejor no dar demasiados detalles) el asunto deriva hacia un triángulo amoroso muy peculiar. Por ahí el film pierde algunas de sus características iniciales y gana otras, incluyendo cierta puntería en la pintura de personajes, una mezcla de humor y emoción, una solvencia narrativa que se mantiene y un desempeño actoral a tener en cuenta.
¿Diferente de quién? constituye el debut en el largo (luego hizo otro, Por algo será ) del director Carteni, quien fue antes asistente de Cristina Comencini, Luigi Magni, Bernardo Bertolucci, Giuseppe Tornatore, Abel Ferrara, Pupi Avati, Nanni Loy y otros. El cineasta ha señalado que realizar esta película fue para él “abrir un diálogo con el sentimiento del público. Sin pretender coincidir con la forma de pensar de los demás, pero con la ambición de comunicar y poner de relieve una realidad que todavía no vive en plena luz”. Premio a mejor actor (Filippo Nigro) en el festival de Annecy, y a mejor libreto del Sindicato Nacional de Periodistas Italianos.

 

Enero 26 a febrero 1º, de jueves a miércoles. A las 18 y 19.30 hs.
Febrero 2 a 8, de jueves a miércoles. A las 21.30 hs.

MEDUSAS
(Meduzot)

Dir: Shira Geffen y Etgar Keret.
Israel/Francia 2007 – 78 min. ST. (Digital)

Libreto: Shira Geffen. Fotografía: Antoine Héberlé. Música: Christopher Bowen. Montaje: Sasha Franklin y François Gédigier. Producción: Amir Harel, Ayelet Kait, Yaël Fogiel y Laetitia Gonzales. Elenco: Sarah Adler, Nikol Leidman, Naama Nissim, Ma-nenita De Latorre, Noa Knoller, Gera Sandler, Ilanit Ben Ya’akov, Zharira Charifai.

 

Esta película israelí se ocupa de las vivencias de tres mujeres (una novia a punto de casarse, una mesera de la celebración del matrimonio, una joven inmigrante filipina) durante unos breves días. Se cruzan fugazmente en la fiesta de casamiento, al terminar la noche se separan, y en adelante solo tendrán algún encuentro fortuito. A partir de ahí la película sigue por separado a esas tres mujeres, que demuestran no tener demasiado control sobre sus vidas. De ahí el título que las compara con las medusas en el mar, empujados por las corrientes, sin apenas poder alterar el curso de los hechos. El film aprovecha su pretexto anecdótico para describir una serie de relaciones familiares o de pareja en las que hay diversos grados de insatisfacción. El marco familiar termina siendo el lugar donde la comunicación real, la conexión afectiva, la comprensión entre sus miembros no existe o se ve estorbada, y lo que queda es una sensación de abandono, de promesas no cumplidas.

El film no es, sin embargo, macizamente pesimista y oscuro. No lo es en la belleza de sus imágenes, y tampoco lo es en su desarrollo anecdótico, donde situaciones dramáticas son tratadas con cierta ligereza y hasta una instintiva poesía. El tono oscila entre la descripción naturalista de situaciones cotidianas y algún elemento de realismo mágico, que se integra sin tropiezos a la narración. Como alguien lo ha señalado ya, Medusas es afortunadamente una película menos postmoderna de lo que cabía temer, y no impone automáticamente pesimismos por decreto. El final sugiere sin gritarla una tenue esperanza, una posible puerta de salida al encierro de la vida moderna.

Una manera aconsejable de ver el film es sumergiéndose en él, dejándose arrastrar por los personajes y sus vivencias. Como las medusas del título. Transcurre en Israel (más específicamente en Tel-Aviv), pero esa ubicación geográfica es en definitiva irrelevante: sus emociones humanas pueden experimentarse en todas partes. La técnica es solvente (un rasgo característico del cine israelí), pero el apoyo más visible es su elenco, cada uno de cuyos integrantes aporta los matices de humanidad y emoción que dirección y libreto le piden.

 

Febrero 2 al 8, de jueves a miércoles. A las 17.30 y 19.30 hs.
Febrero 9 a 15, de jueves a miércoles. A las 21.35 hs.

TRES MONOS
(Üç maymun)

Dir: Nuri Bilge Ceylan
Turquía 2008 – 109 min. ST. (Digital)
Libreto: Ercan Kesal, Ebru Ceylan, Nuri Bilge Ceylan. Fotografía: Gökhan Tiryaki. Montaje, Ayhan Ergürsel, Bora Göksingöl, Nuri Bilge Ceylan. Productor: Zeynep Özbatur. Elenco: Yavuz Bingol, Hatice Aslan, Ahmet Rifat Sungar, Ercan Kesal, Cafer Köse, Gurkan Aydin.

 

La imagen es conocida: tres monos que se tapan respectivamente los ojos, los oídos y la boca. Esa imagen le sirve al cineasta turco Nuri Bilge Ceylan para comentar la historia de una familia de tres miembros, en la que el padre, chofer y hombre de confianza de un reconocido político, acepta una suma importante de dinero a cambio de declararse culpable por un accidente de tránsito (que derivó en la muerte de un hombre) provocado por su jefe.
Su familia seguirá cobrando el salario mientras cumple su condena, pero la situación sacará a la luz viejas contradicciones y mentiras que harán resquebrajar las relaciones entre ellos, viendo como sus planes comienzan a derrumbarse. Sin embargo, ante la perspectiva del fracaso económico y personal, los personajes prefieren ignorar la verdad actuando como los conocidos tres populares simios. Es típico del director Ceylan (Kasaba, 1997; Nubes de mayo, 1999; Lejano, 2003; Climas, 2006) haberse hecho cargo también del guión y la edición (en este caso, no de la fotografía, otro rubro del que suele ocuparse). Si hay un “autor” total en el cine contemporáneo es este turco, que sigue trabajando con medios reducidos, casi artesanales, y hasta familiares (su esposa Ebru es también su colibretista, directora de arte y a veces actriz) y se las arregla, sin embargo, para dotar a su cine de un acabado profesional que roza la maestría.
La acción de Tres monos (que se inspira libremente en hechos reales) se concentra en cuatro personajes y unos pocos escenarios, pero no hay que dejarse engañar por esa aparente simplicidad. Por detrás de la fina observación de conductas corre un testimonio (apenas sugerido pero perceptible) acerca de una realidad más amplia en el que asoman referencias a las contradicciones entre un estado laico y el mundo islamista, la persecución del pueblo kurdo o la presencia casi constante de los militares en la vida cotidiana. Esas anotaciones a una represión enmascarada pero omnipresente es también una metáfora de la situación de los personajes mismos, que Ceylan transmite a través de un ritmo lento y pausado, una fotografía que no persigue la belleza sino que se adecua a las situaciones, y un firme crecimiento dramático que conduce hasta el tormentoso desenlace.

Febrero 9 a 15, de jueves a miércoles. A las 17.25 y 19.30 hs.

VAHO

Dir: Alejandro Gerber Biceci
México 2009 – 115 min. (Digital)
Libreto: Alejandro Gerber Biceci. Fiotografía: Alberto Anaya. Música: Matías Barberis, Rodrigo Garibay. Montaje: Juan Manuel Figueroa, Rodrigo Ríos. Productores: Alejandro Gerber Biceci, Abril Schmicler. Elenco: Marta Aura, Sonia Couoh, Aldo Estuardo, Joel Figueroa, Francisco Godínez.

 

Cuenta el Popol Vuh que luego de que los dioses crearon al hombre y se dieron cuenta que era perfecto se sintieron amenazados, por lo que decidieron soplarle un vaho a los ojos para que su visión y su entendimiento quedaran limitados y no pudiera darse cuenta de cómo eran las cosas en realidad. Esta idea del vapor que enceguece a las personas es retomada por Alejandro Gerber en Vaho, su primer largometraje. Tres historias de adolescencia se entrecruzan en este debut del cineasta mexicano, cuya acción transcurre en Iztapalapa, ciudad de México, una zona marginal que un periodista compatriota del director ha definido como “lo más cercano que estamos de las favelas de Brasil, las chabolas de Medellín, Colombia, o las miles de casas de ladrillos rojos que adornan Caracas, Venezuela”, zona de inundaciones y autos robados, de terrenos ocupados ilegalmente, de gente que parece haber nacido ya con la marca de un destino trágico. El film tiene todo el aire de un proyecto personal e independiente, que aprovecha su bajo presupuesto y deja claro que detrás de la cámara hay alguien con ganas de filmar. La cámara explora los espacios, el drama se prolonga en un silencio o un momento de espera, el paisaje desolado se entrelaza con el destino personal de cada uno de los adolescentes involucrados y los otros personajes vinculados a ellos. La estructura narrativa rompe cronologías y entrecruza pasado y presente para vincular un hecho pretérito con la dolorosa situación de sus personajes en la actualidad, donde convergen fracasos amorosos, deseos truncados y la incapacidad de comunicarse con otros. El director Gerber explicita sus intenciones: “Creo que lo que entiendo de Iztapalapa tiene que ver con un origen rural que fue violentado por la urbe, incluso la Pasión de Iztapalapa es una fiesta patronal y es como si la ciudad le hubiera inyectado esteroides a una fiesta de pueblo porque su organización era comunal. La delegación funciona como la covacha de la ciudad, donde tiran las cosas que no pueden poner en otro lado”. La solvencia en el manejo del lenguaje audiovisual es solo uno de los méritos del film. Otro es el rendimiento que Gerber obtiene de un elenco de gente poco conocida. No en vano el film contó con la financiación del fondo Huber Bals y exhibida en el festival de Rotterdam, para terminar siendo nominada al Ariel (el Oscar mexicano).

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