Los ciclos de este mes: Viva la diferencia y De la temporada

Viva la diferencia

Julio 15 a 23, martes. 17.30, 19.30 y 21.30 hs.
Sábado, trasnoche a las 23.30 hs.

EL SOL ****
(Solntse)

Director, Aleksandr Sokurov
Rusia/Italia/Suiza/Francia, 2005 • 110 min. ST.
Libreto, Yuri Arabov, Jeremy Noble. Fotografía, Aleksandr Sokurov. Música, Andrei Sigle. Montaje, Sergei Ivanov. Productores, Igor Kalenov, Marco Muller, Andrei Sigle.
Elenco: Issei Ogata, Robert Dawson, Kaori Momoi, Shiro Sano, Shinmei Tsuji, Taijiro
Tamura.

Esta es la más reciente entrega del director Sokurov (las anteriores: Moloch, 1999, sobre Hitler: Taurus, 2001, sobre Lenin) acerca de diversas figuras de primera línea de la historia política del siglo XX. Esta vez se trata del emperador japonés Hirohito, que dejó de ser un dios luego del bombardeo atómico norteamericano a Hiroshima y Nagasaki. Desde el título, el film juega con una paradoja: remite al Imperio del Sol Naciente, pero su luz es la del ocaso. Muy al principio, resulta claro que Hirohito ha tomado conciencia de la pérdida de su divinidad: “Mi cuerpo es igual al de todos los japoneses”, le dice el emperador a uno de sus asesores.
Desde las ruinas de Tokio, Hirohito se consuela escribiéndole a su hijo una carta caligrafiada y dando rienda suelta a su pasión por la biología, diseccionando un cangrejo cuyo caparazón le recuerda la máscara de un samurai, tal como se representa en el teatro kabuki. Su Hirohito (como, se ha señalado, su Hitler o su Lenin) no se ubican en el centro de la Gran Historia sino en su entrelínea: la de la cotidianeidad, la constatación del paso del tiempo, la vida privada. También,
acaso, en el de la vanidad del poder.
El propio Sokurov ha reconocido que HItler, Lenin e Hirohito constituyen tres figuras distintas enfrentadas a diferentes situaciones trágicas, agregando que las suyas no son “películas sobre dictadores” sino sobre gente que alcanza el poder absoluto, pero cuyas pasiones y fragilidades humanas afectan más sus decisiones que las mismas circunstancias. A su juicio, el emperador japonés es un símbolo de un final constructivo, o más exactamente no se trata de un final sino de una continuación, la de la vida. El propio cineasta sostiene que no fue “un dios de la guerra sediento de sangre”, y que en último término prefirió salvar vidas humanas antes que el orgullo nacional. Sokurov redondea la idea: “Ese fue su legado y el de aquellos políticos
norteamericanos que pudieron comprender y apreciar su posición
”.
A lo largo de su obra, Sokurov ha mostrado una fascinación por el tema del poder, desde Elegía soviética (1989), que era un desfile de retratos oficiales, pintados al óleo, de los distintos líderes soviéticos que se sucedieron en el poder antes de Gorbachov, hasta El arca rusa, que ha podido ser leída como un réquiem a la materialización misma del poder: el palacio real de San Petersburgo.
La muerte (en Madre e hijo) y el Japón (en Una vida humilde, que integra la serie de sus “videogramas espirituales”) también son parte esencial de sus obsesiones como cineasta. Todas ellas confluyen en El sol.
Hay una novedad, sin embargo, en este Sokurov, y es un atisbo de humor en un
cineasta particularmente grave. Aprovechando una magnífica composición de Issey
Ogata como Hirohito, el director ruso encuentra una rara afinidad entre su figura
y la de Charles Chaplin, a quien el emperador aparentemente admiraba. Es apenas
un momento fugaz, pero la deidad imperial, desprovista de sus atributos de mando y convertida finalmente en un japonés como tantos, adquiere de pronto una cualidad humana, casi chaplinesca.

Julio 24 a 31, jueves a jueves. 17.50, 19.30 y 21.10 hs.
Sábado trasnoche, 22.45 hs.

BE WITH ME ****
(Be With Me)

Director, Eric Khoo
Singapur, 2005 • 90 min. ST.
Libreto, Eric Khoo, Wong Kim Hoh. Fotografía, Adrian Tan. Música, Kevin Matthews,
Christine Sham. Montaje, Low Hwee Ling. Productor, Brian Hong.
Elenco: Theresa Chan Poh Lin, Ezann Lee, Samantha Tan, Seet Keng Yew, Chiew Sung Ching, Lawrence Yong, Lynn Poh.

Una sorprendente lista de premios internacionales es lo primero que llama la atención sobre este film de un director joven asentado en Singapur y practicante de un cine directo, sin refinamientos formales pero eficaz. Consiste aparentemente de
tres historias de amor enfrentadas a la soledad. Las tres historias se vinculan y entrecruzan. En una, un solidario vendedor de una tienda, cuya mujer agoniza y para la que cocina con empeño. Lo salva de la desesperación un libro autobiográfico y el encuentro con su autora, que casualmente tiene su misma edad. En la segunda historia, un guardia de seguridad maltratado en su hogar y en su trabajo encuentra su razón de vida en la comida y en el supuesto amor de una hermosa ejecutiva que vive en su mismo bloque de apartamentos. Hay una tercera historia, donde dos muchachas alumnas del secundario se conectan por Internet y terminan pasional- mente enamoradas. Así de simples las tres historias pueden aportar una reflexión sobre la soledad en una sociedad donde la violencia parece encubierta. Pero no. Esas historias, de pronto se interrumpen, se evaporan o alguna reaparece sin mayor motivo. Lo coral se borra y se convierte en una biografía, en otra historia, y también se vuelve secundaria la oposición de amor y soledad. Aunque llama la atención que las historias aparezcan identificadas como "Encontrando el amor”, “Tan enamoradas” y “Predestinado”, eso debe entenderse como otro despiste deliberado.
La historia que le interesa de veras a Eric Khoo es auténtica y está protagonizada por quien la vivió en la realidad. La protagonista Theresa Chang quedó ciega a los catorce años, y sorda dos años después. En lo que debe ser entendido como un ejemplo de coraje y superación personal siguió adelante con su vida, y hasta logró recibirse como profesora de inglés. El director y libretista Eric Khoo conoció a Theresa durante una boda y decidió que debía hacer una película con ella. Así nació Be With Me.
Alrededor de la historia de Theresa, el film desconstruye una historia que empieza siendo coral, con un entrecruzamiento de peripecias personales enhebrado por los temas del amor y las dificultades para relacionarse. Ese cuadro incluye al tendero que queda viudo, la atracción que siente un guardia de seguridad por una mujer a la que vigila y espía, y la vida de dos adolescentes de sexo femenino que se enamoran por Internet.
Una de las apuestas del film era recrear el universo de un personaje que no puede oir. De ahí una de sus opciones estéticas sea (en su primera mitad al menos) la eliminación de todo diálogo hablado: las palabras aparecen en papeles o en mensajes de texto de teléfonos móviles, pero no en la banda sonora, lo que le otorga al film un carácter casi experimental. Lo que está diciendo es que en esta sociedad deshumanizada la comunicación entre la gente se produce por vías
alternativas, y por eso sus posibles dramas son esquivados por el relato que no expresa los sentimientos de los personajes y su necesidad de comunicarse, sino que queda como espectador. Lo que fascina a Khoo son las vías sustitutivas de esas necesidades de comunicación.
Tercer largometraje del director Khoo (quien permaneció inactivo por diez años desde su película anterior, 12 Storeys, y ésta de 2005) Be With Me aparece narrada con deliberada desprolijidad, como si la forma quisiera expresar de alguna manera el desordenado mundo interior de su sufrida protagonista.
Premiada en Cannes 2005 y otros festivales, la película obtuvo igualmente galardones en Fantasporto, Flandes, Mar del Plata, Tokio y Estocolmo. Fue también la representante oficial de Singapur en la 78ª edición de los premios Oscar, pero fue descalificada por una buena e inesperada razón: el premio es a “mejor película en lengua extranjera”, y Be With Me está hablada originalmente en inglés. Rarezas de la globalización, claro.

De la temporada

Varios títulos valiosos de la anterior y la presente temporada. Desde el épico recuento de una trayectoria gangsteril que Ridley Scott trazó con la complici-dad de Denzel Washington y Russell Crowe hasta dos finas adaptaciones literarias (Expiación, horriblemente subtitulada Deseo y pecado, sobre
Ian McEwan; Cometas en el cielo, sobre Khaled Hosseini), y la reescritura de un famoso caso de crónica roja, cuatro títulos para reencontrar.

Agosto 1º y 3, viernes y domingo. 18 y 21 hs.
Agosto 2, sábado. 17, 20 y 23 hs.

GANGSTER AMERICANO ***
(American Gangster)

Director, Ridley Scott
USA,2007 • 157 min. ST.
Con Denzel Washington, Russell Crowe, Chiwetel Ejiofor

Historia más o menos real del “Padrino de Harlem” y el tenaz detective que lo combatió largamente. Sólido cine gangsteril, narrado con cierto aliento épico, con dos buenos actores y la reivindicación más paradójica imaginable que el cine de Hollywood haya proporcionado de lo “afro americano”.

Agosto 5 a 7, martes a jueves. 17, 19.30 y 22 hs.

EXPIACION, DESEO Y PECADO ****
(Atonement)

Director, Joe Wright
Reino Unido/Francia, 2007 • 130 min. ST.
Con Keira Knightley, James McAvoy, Saoirse Ronan

Una historia de amor y distinciones de clase, estorbada por una mentira culpable, con un fondo que incluye a la Segunda Guerra Mundial. Sobre novela de Ian McEwan, un examen de sentimientos que se recortan sobre un marco épico que deriva a la tragedia.

Agosto 8 a 10, viernes a domingo. 17, 19.30 y 22 hs.

COMETAS EN EL CIELO ***
(The Kite Runner)

Director, Marc Forster
USA, 2007 • 122 min. ST.
Con Khalid Abdalla, Atossa Leoni, Shaun Tour

Médico y escritor afgano exiliado en Estados Unidos regresa a su país tras el Talibán para pagar una vieja culpa. Elogiada novela del escritor afgano Khaled Hosseini, en competente adaptación que tras su drama “medio oriental” desliza una discreta celebración de lo mejor del American Dream.

Agosto 12 a 14, martes a jueves. 17.15, 19.30 y 21.45 hs.

AMORES ASESINOS ***
(Lonely Hearts)

Director, Todd Robinson
USA/Alemania, 2006 • 108 min. ST.
Con John Travolta, Salma Hayek, Jared Leto

La historia de los “amantes malditos” que en los años cuarenta asesinaron y despojaron a varias mujeres solitarias ya había sido filmada dos veces (Los asesinos de la luna de miel de Leonard Kastle, Profundo carmesí de Arturo Ripstein). Aquí recibe un tratamiento esmerado, que recupera cierto espíritu del cine de serie negra.